El pasado no tiene tiempo

El pasado no tiene tiempo.

Ave Literaria

Cuando me enamoré por primera vez pensaba que recordaría ese romance como lo ves en una película o lo lees en los libros. Esperaba, dentro de varios años, poder trazar los momentos de mi vida con montajes musicales y secuencias de lo más destacable de cada instante de mi vida. Creía, inocente como era, que podría sentir sus labios como en aquel primer beso, que volvería a sentirme invadido por electricidad al rememorar el primer ‘te amo’. Imaginaba, iluso, que había memorizado cada detalle, cada palabra y cada gesto. Pensaba que nunca olvidaría el brillo en su mirada, la luz de su sonrisa ni la forma en la que acariciaba mi corazón con la mirada… Pero el pasado no tiene tiempo. 
 
Recuerdo su nombre y creo recordar nuestra edad pero no recuerdo la razón por la que nos separamos. Juntando todos los recuerdos estoy seguro de que sólo abarcan…

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Cada noche antes de dormir tengo que repetir las mismas palabras de la noche anterior… “Tranquila, tienes que ser fuerte. No puedes dejarte caer en otra depresión, tal vez esta vez no salgas de ella“.

¿A qué no sabes dónde he vuelto hoy?

He perdido la cuenta ya desde la última vez que pactamos un encuentro y llegamos puntuales a la cita acordada… Una mañana fría, soleada, con olor a café y a melancolía.
Desde esa fecha que no puedo mencionar no he vuelto a ese lugar, dónde más que recuerdos, a cada centímetro hay una historia que aún vive.
¡Que descaro el mío de decir que aún vive! Lo único que vive son los monstruos y yo, al menos, no he logrado encontrar la paz.

¿Qué habrá sido de ti? ¿Con quién compartirás tu cigarro de la mañana? ¿A quién le hablarás de tu peor miedo llamado: “Amor?

Una parte de mi confía en que estás bien, otra sabe que no confías en nadie y maldices de vez en cuando mi nombre cada vez que se acaba una botella y se rompe algún cigarrillo.
Yo también te pienso y también siento rencor hacía mí. Oh, si pudiera volver el tiempo atrás y… ¿Qué puedo hacer yo? Estúpidamente te di todo y rogué que tu estancia durara un poco más de lo previsto. Tú me decías que ésto sería más fácil si solo dejábamos llevarnos por la marea, yo acepté… Y me llevó más lejos.
Olvidé visitar aquella banca del parque en el que jugábamos cada mañana y tarde, olvidé en dónde estaban nuestras iniciales… Olvidé no caer de los hierros que evitaban nuestra caída tan letal. Olvidé cómo gritar.

Maldita sea el momento en el que me convertí en el punto medio, en eso aquello que tú tanto odiabas.
Era cuchillo y era herida. Era grito y cristal. Era tu salvación pero también tu perdición.
Te hundió y me hundió… “Ahora no es fácil”, decías siempre.
Para mi tampoco lo fue. Para mi nunca lo fue.
Aunque quiera no te olvido, siempre estás presente… Algún día hemos de volver a ese mismo lugar y podré preguntarte ¿Tú por quién gritabas? Yo me quedé sin voz por ti.

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Los recuerdos también se rompen

Cada imagen en mi cabeza, en mi subconsciente y en lo más consciente de mi, se va rompiendo poco a poco… ¿Cómo le puedo llamar a esto? Cada lugar, cada persona, cada momento, olor y sensación se van perdiendo, cómo si al paso del tiempo partes de ellos se las llevara el viento, arrancando poco a poco una mínima parte… Insignificante pero a fin de cuentas importante, así como hace el otoño con las pequeñas hojas de los arboles.

Intento juntar cada pedazo de cada recuerdo cual puzzle pero no puedo, me faltan insignificantes detalles como… Tus promesas, o bueno, las pocas que me hiciste, cómo por ejemplo “No dejarme sola”, “Cuidarme y protegerme”, “Quererme para siempre”. Sí, mira, no las encuentro. Ojalá pudiera hacerlo, así no me encontraría a estas horas de la noche postrada en esta maldita cama en la cuál te lloro cada noche, imploro porque regreses y me cures todas las malditas heridas que me hiciste y que otros más abrieron.
Sí, sí las encontrara no me sentiría así, no estaría pudriéndome entre tanta melancolía, cientos de colillas de cigarrillos, envases de cerveza y libros viejos que contienen en cada de ellos recuerdos rotos, cómo los míos.

Maldita sea, ¿Cómo pude haberlos perdido? ¿O será qué me los robaste?

Vuelve a mi, muéstrame todo lo que aún no logro comprender. Sana mis heridas, rompeme de nuevo pero… Ven a mi. Sé mío otra vez. Vuelve a sonreírme mil veces, mírame cómo si fuera tú tesoro… ¡Maldita sea! ¡VUELVE! Ámame cómo antes, sácame de ésta vida de mierda en la que me dejaste.. ¡RESPONDE! ¡JODER! Por lo menos responde a mi llamado.

¡AYÚDAME!
¡ABRÁZAME!
¡JODER, MÍRAME… AQUÍ ESTOY!
¡JODER! Ya no puedo flaquear, ni caer más.

Por favor… Ya no más.

 

 

Ahora lo entiendo, ¿Cómo pude ser tan estúpida?, cada uno de ellos se fue cuando rompiste cada promesa, cuando faltaste a tu palabra de fiel caballero, cuando con tu adiós sentenciaste a paso firme mi desdicha.

Mi caballero, mi seductor, cariño… Cariño mío. Devuélveme todos mis recuerdos, no me envíes al olvido.

 

 

Cariño, cariño mío… Tu amor, tu jodido amor aún te espera.

 

Tengo el corazón en modo avión.


No tuvimos un adiós, no pronunciamos un hasta pronto o hasta luego.
Lo poco que teníamos se perdió, lo poco que construimos cayó, así cómo un simple castillo de naipes en una ventisca.
Ya no puedo con esto, en las leyes de la supervivencia como seres humanos está marcado que el pasado es el pasado
y ahí se debe de quedar pero no puedo o más bien no sé si quiero.
No quiero darme por vencida y tirar los pedazos de lo nuestro, aunque aún no sé que fue… Solo tengo la imagen de lo que pudo ser.

Sabes bien de mi obsesión por la perfección, de no dormir durante 5 noches seguidas por quedarme pensando y recordando tu mirada,
todo aquello que nos dijimos y sobre todo aquellos besos que no nos dimos… De mi manía de contar los lunares de la cara de cada persona.
Y de observar los establecimientos al llegar a un nuevo lugar para recordarlo.
Esa obsesión por guardar todo aquello que me trae recuerdos, las cajetillas de cigarrillos e incluso las colillas.
De mirar a la ventana a la misma hora de lunes a viernes y hundirme en la cama sábado y domingo. Mi odio por el 14 de febrero y miedo a la fecha de mi cumpleaños.


Llega Diciembre y la angustia aumenta… ¿Me buscaras para planear nuestro próximo encuentro? ¿O simplemente lo olvidaras? Como ya dos Diciembre atrás.
Tus recuerdos no se van, solo quiero liberarme de ti y de ellos… ¿Por qué no dejas ya de dolerme y me das tu bendición?
¿Qué perdí? ¿A ti? O es que acaso perdí una parte de mi al decirte adiós desde aquel vagón…


Ya no soy la misma, mi tristeza se ha vuelto más evidente. Me lo han dicho, me lo han marcado con miradas y me lo han confirmado con lagrimas

 

¿Volveremos a encontrarnos algún día? He perdido la esperanza.

Ahora sí, tengo el corazón en modo avión.